1 de febrero de 2018

EL ELEFANTE ENCADENADO




Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. 

También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. 

Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. 

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. 

Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? 

Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía creía en la sabiduría de los grandes. 

Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. 

Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. 

Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. 

Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: 

El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. 

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. 

Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo.

La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

 Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... 

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. 

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. 

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. 

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. 

Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...  


Jorge Bucay

26 de enero de 2018

LA FELICIDAD

En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo:

"Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza ,van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses. 

Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?"

Después de mucho pensar uno de ellos dijo: "Ah!! ya se!

Vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser donde esconderla?

Para que no la encuentren jamás".

Propuso el primero:

"Vamos a esconderla en la cima del monte mas alto del mundo"; a lo que inmediatamente repuso otro: "no, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrara, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde esta".

Otro dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra".

Y le dijeron: "No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirán, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a Nosotros ".

El ultimo de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:

"Creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren"; todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: " Dónde? ".

"La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontraran".

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.





Desconozco al autor.

1 de marzo de 2014

LA BOMBA DE AGUA





Cuentan que un cierto hombre estaba perdido en el desierto,  a punto de morir de sed.
Cuando él llegó a una casita vieja -una cabaña que se desmoronaba- sin ventanas, sin techo, golpeada  por el tiempo.
El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico.
Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada.
El se arrastró hasta allí, agarró la manija, y empezó a bombear sin parar.
Nada ocurrió.
 Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. 
La miró, la limpió, removiendo la suciedad y el polvo, y leyó el siguiente mensaje:
"Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo"
PD.: "Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir."

El hombre arrancó la rosca de la botella y, de hecho, tenía agua.
¡La botella estaba casi llena de agua! 

De repente, él se vio en un dilema:
Si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, todo el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona... pero quizá eso no salga bien.

¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida?
¿Debería perder todo el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabía cuando?

Con temor, el hombre volcó todo el agua en la bomba. 
Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear... y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló.

Entonces surgió un hilito de agua; después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia! 
La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. 
Él llenó la botella y bebió de ella hasta hartarse. 
La llenó otra vez para el próximo que por allí podría pasar, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: "¡Créeme, funciona! 
¡Necesitas dar todo el agua antes de poder obtenerla otra vez!"

Podemos aprender cosas importantes a partir de esa breve historia:

1. Ningún esfuerzo que hagas será valido, si lo haces de la manera equivocada. Puedes pasar toda tu vida intentando bombear algo cuando alguien ya reservó la solución para ti.   ¡Pon atención a tu alrededor! ¡Dios está siempre listo a suplir tu necesidad!

2. Escucha atentamente lo que Dios tiene para decirte en la Biblia y confía.  Como ese hombre, nosotros tenemos las instrucciones por escrito a nuestra disposición.   Basta usarlas. 

3. ¡Aprende mirar adelante y comparte!  Aquel hombre podría haberse hartado y olvidarse de que otras personas que necesitasen del agua pudiesen pasar por allí. Él no se olvidó de llenar la botella y todavía supo dar una palabra de incentivo. Preocúpate con quien está cercano a ti, recuerda: sólo podrás obtener agua si la das antes. Cultiva tus relaciones, ¡y da siempre lo mejor de ti!

Desconozco el autor