2 de febrero de 2012

GALLETITAS


Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora.

La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletitas y una botella de agua para pasar el tiempo.

Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.

Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletitas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galletita, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrío.

La señora ya enojada, tomó una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continúo entre galletita y galletita.

La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.


Finalmente, la señora se dió cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. "No podrá ser tan caradura", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma el joven alargó la mano, tomo la última galletita, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad.

Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galletita a su compañera de banco.

-"¡Gracias!" - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.

- "De nada" - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida...

La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.

Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vió al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: " ¡Qué insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!".

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado.

Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida
cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletitas intacto.

*

Cuántas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos
hacen valorar erroneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones.

Cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros, hace que juzguemos injustamente a personas y situaciones, y sin tener un por qué, las encasillamos en ideas pre-concebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta.

*

Dice un viejo proverbio...

Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente, pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera.




Desconozco al autor.

20 comentarios:

oteador dijo...

jajaja!!!, y no se la trago la tierra????.saludos

ROBER dijo...

Es la perfecta estructura del cuento.
Muy bueno, eres buena narradora.

Lady Blue dijo...

Excelente historia para reflexionar sobre los prejuicios amiga... Lamentablemente ellos muchas veces nos alejan de personas que en realidad no son ni la sombra de lo pensamos erradamente. Hay que darse un buen tiempo para conocer antes de juzgar. Un abrazo!!!!!!

Poetiza dijo...

Oteador, creo que no.
Rober, gracias por leerlo.
Lady, opino lo mismo.

Gracias por leer. Besos, cuidense.

Clara dijo...

Muy bueno¡¡¡¡.Situaciones de esas que deseamos disolvernos,como la Sra de las galletitas,que damos como verdadero solo una parte y no filtramos nada más.Un abrazo

José Ramón dijo...

Poetiza muy bella reflexión feliz fin de semana.
Un cordial saludo desde…
Abstracción textos y Reflexión.

Poetiza dijo...

Clara, me alegra te gustara.
Jose Ramon, gracias, igualmente.

Besos, cuidense.

mardelibertad dijo...

Como siempre, excelente reflexión, querida amiga...
Un abrazo

Noris Capin dijo...

Me encanto tu narrativa, gracias y que Dios te bendiga.
Un abrazo,

Poetiza dijo...

Mar, gracias por leerlo.
Noris, gracias.

Besos, cuidense.

☼El Rincón del Relax☼ *Beatriz* dijo...

Preciosa historia...Gracias por compartir. Siempre un grato placer pasar a visitarte y aprender de ti.

Abrazos de luz!!

Beatriz

Poetiza dijo...

Beatriz, gracias por leer. Besos, cuidate.

Marina Fligueira dijo...

Hola Poetiza: perdona soy un desastre, ya hace un tiempo que no paso por aquí. Me encanta tu relato, es verdad a veces juzgamos antes de tiempo y nos equivocamos totalmente.
Muy bueno el proverbio, con una gota de serenidad se puede ver el mundo de otro color.
Gracias por compartir tu manera de ver las cosas.
Te dejo un abrazo enorme y mi gratitud.

Rosa.E dijo...

Poetiza, reflexivo relato, a cada instante caemos en el error de juzgar
y nos olvidamos de actuar con justicia, y de colocarnos en el lugar de los demás.
Un abrazo

Poetiza dijo...

Marina, gracias amiga.
Rosa, gracias por leerlo.

Besos, cuidense mucho.

gaviota dijo...

los prejuicios del alma ahi estan acompañandonos besitos de gaviota en vuelo.

Poetiza dijo...

Gaviota, gracias por leer. Besos, cuidate.

Duarte dijo...

Esto es a lo que se debe llamar una escritora equilibrada, ya que además de una gran sensibilidad, siempre tan a flor de la piel, tiene alma de poeta y cuando se lanza a la prosa escribe cosas así, tan bellas.
Un gran abrazo, fruto de la emoción por ti creada

Poetiza dijo...

Joaquin, gracias amigo. Besos, cuidate.

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

Gran hostoria...
Nos falta silencio, reflexión y discernimiento.
Si conseguimos esas cualidades daremos frutos sabrosos.


Gracias.